Reflexión evidentemente gilipollas y que en absoluto tiene relación con cualquier contenido de La Buhardilla (pero que tenía que soltar o reventaba)

No suelo frecuentar hipermercados, tengo que coger el coche y me da pereza. Además, como vivo solo, no tengo necesidad de hacer grandes compras ni de aprovechar “superofertas”, a menos que sean conservas (sí, soy un adicto a todo lo enlatado, excepto la cerveza, que debería estar, por Ley, envasada en vidrio o barril). Por estas razones hago mis compras en tiendas y supermercados de mi barrio.
Una tienda de barrio es una tienda de barrio. Perogrullada, lo sé. Pero creo que lo habéis entendido. Da igual que estén en La Barzola, en Pino Montano o en Triana. Da igual Sevilla, Oviedo o Nueva York (aunque en esta última se llamen groceries). Es una tienda de barrio. Y me encantan.
Pero vayamos con los supermercados de barrio, que son la causa de esta tontería. Tienen algo que, desde hace ya muchos años, me llama la atención: las cajas. Las cajas de cobrar, me refiero.
Cuando frecuentas un supermercado de barrio, te das cuanta de que de las n cajas (de las de cobrar, insisto) presentes en el local, sólo funcionan la mitad. Y da igual el número de clientes que estén comprando. Siempre funciona la mitad de las cajas (creo que ya no es necesario especificar que me refiero a las cajas de cobrar; pero por si acaso lee esto alguien de Letras, lo recalco de nuevo. Y será la última vez que lo haga.)
Eso es un HECHO CIENTÍFICO. Yo lo he comprobado.
Nunca jamás están operativas todas las cajas. Es más, nunca hay personal suficiente para tener operativas todas las cajas. Y, hecho significativo, siempre hay al menos una caja cuyo pasillo está ocupado por carritos, cajas de productos (tan variopintos como vino peleón, salvaslips, colonia y pan de molde, este último arriba para que no se chafe) que indican, aparte de las telarañas y el polvo acumulado en el teclado del ordenador, que esa caja no ha funcionado desde que abrieron el súper.
Y mi duda es: señores diseñadores de supermercados de barrio (que seguro en breve sacan un Grado Universitario sobre esta materia), ¿porqué instalan tantas cajas si son conscientes de que la mitad de ellas nunca jamás van a recibir dinero de los clientes? ¿Porqué personas tan inteligentes que colocan en las cercanías de las cajas, donde los usuarios hacemos cola, productos como pilas alcalinas, condones con sabor a frutas o chocolate, gominolas con forma de osito tetrapléjico y cacahuetes con miel ligeramente salados, para que se nos antoje y piquemos durante la tediosa espera, son incapaces de admitir que el número de cajas es excesivo?
¿Soy el único que se ha dado cuenta de esto? ¿Soy el único al que le toca las gónadas este asunto? ¿Pretenden reírse de nosotros?
Que quiten las cajas inútiles ya. Que no nos den esperanza de que ante una gran cola vaya a venir una empleada (¿porqué son todas mujeres? ¿porqué una cajera es una mujer que trabaja cobrando en un supermercado y un cajero es el lugar donde sacas dinero con tu tarjeta de crédito o débito?) a agilizar el cobro y aminorar la espera. Porque por mucho que mires esa desierta e inhóspita caja y lances miradas hacia atrás, nunca aparecerá esa persona que soplará sobre el polvoriento teclado e indique a los clientes que pueden pasar, en orden, eso sí, por esa caja. Eso sólo ocurre en los hipermercados.
Pero prefiero la espera y el hormigue provocado por la duda y la desazón de que vana abrir esa inédita caja a tener que coger el coche para comprar atún y Fairy.
Algún día igual me da por escribir porqué en los supermercados de barrio nunca tienen cambio de 50 y te dicen “Espera un momento que voy a pescadería a por cambio”. Y porqué nunca tienen céntimos:”Le debo 2 céntimos. Mañana se los doy”.
Un mojón: en primer lugar, mañana no voy a venir y, en segundo lugar, ¿me dejarías llevarme mi compra si yo te pagase 2 putos céntimos menos?
Espero, por vuestra salud mental que nunca escriba sobre eso. Y si lo hago, pasad 2000 kilos y no lo leáis.
PD: Sé que esto que acabáis de leer no es digno de La Buhardilla, lo admito. Pero estamos en agosto. Lo normal es que durante el estío las teles (los medios de comunicación en general) bajen el nivel. Y La Buhardilla no podía ser menos.
Y sí, La Buhardilla es un medio de comunicación, por chusco que sea.
Y, de nuevo, sí, es difícil bajar el listón de La Buhardilla, pero lo he hecho. Y lo peor es que no me he tenido que esforzar. Me gustaría pensar que ha sido gracias a la conjunción 40ºC a la sombra+Cruzcampo.
Pero me temo que ésa no es la respuesta.

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